Friday, March 11, 2011

Día blanco, día negro, da igual.




Yo tengo la conciencia de haber intentado de escribir una historia de amor pese a que uno de los protagonistas se mostraba totalmente reacio a ser el prototipo trillado del príncipe azul. Incluso cuando el material con el que estaba trabajando era una personaje apático que encubría a la perfección un auto-impuesto patetismo y una crueldad personal que se extendía hacia todo lo que lo rodeaba y que quedaba totalmente fuera de la realidad. Sé que me negué a ver todo esto como algo imposible de corregir. Sé que siempre quise hacerle ver que no todo era tan criticable o tan imperfecto, aunque su silencio ante toda esta situación solo resaltaba más lo absurdo de cada uno de mis intentos. Pero pese a todas las buenas intensiones en ambas partes, no puedo negar o sustraer la tragedia dentro de la que nos sumergimos hasta llegar a extremos cuasi crueles que solo salpimentaron al argumento de una relación repleta de equivocaciones y malos entendidos. 
Las tragedias no enseñan cosas, aprendemos de ellas y luego las archivamos para darles uso en el futuro como meras referencias por temor a repetir los mismos errores. Pero con el paso del tiempo, uno se da cuenta de que en realidad sacando los pequeños cruces, en realidad cada parte por separado estaba incubando un creciente miedo a toda una estructura de pequeños problemas cotidianos y a una monotonía que fuera acrecentándose hasta convertirse en una constante sucesión de pequeñas tradiciones monocromáticas.
...Y hablando de tradiciones... existen muchas tradiciones en el mundo. Entre ellas, el día de San Valentín que se lleva a cabo de diferentes formas dependiendo del sitio en donde te encuentres. Hace un año decidí cambiar los hábitos y dar vuelta lo que significaba para mi esta fecha ¿Qué fué lo que hice? dejar de recibir chocolates y en cambio, siguiendo con la tradición japonesa, me propuse pasar todo un día preparando una caja de bombones para mi enamorado. En teoría, lo que tendría que haber ocurrido después de todo esto como devolución y demostración de no solo agradecimiento sino cariño, durante el día blanco (14 de Marzo) el susodicho tendría que expresar su amor con un obsequio de 3 veces el valor del mío (nuevamente, como se acostumbra en Japón)... pero... pero... PERO... Hoy, buscando entre las notas de mi agenda para saber qué me depara en la semana, note que solo faltan 3 días para el día blanco... y mi enamorado no puede ser mas inexistente en este momento. Hasta podría comparar lo que queda de él con la silueta del coyote de los Looney Tunes cuando traspasa una pared mientras persigue al correcaminos. Por ende, asumo que el 14 de Marzo, no solo voy a tener que sobrevivir al recordatorio de su falta sino que las probabilidades de que reciba algo a cambio por mi esfuerzo en la cocina van a terminar triplicándose como un NADA DE NADA DE NADA, osea, 3 veces lo que me merezco por ser tan inocente en lo que se refiere al amor.
Igualmente, nunca se sabe... ya que de la misma forma en la que mi teléfono suena de vez en cuando con la voz amiga de una persona que solo intenta sorprenderme para levantar mis ánimos y que de una vez por todas concluya con la interminable tortura de constatar a cada rato que en mi celular no tengo ninguna llamada perdida de él. Puede que el 14 de Marzo mi día no sea tan predecible... solo tengo que esperar y ver qué es lo que sucede...  y una vez mas recordar que pese a todo, siempre va a existir Duluth...




" Nosotros dejamos que se inventen nuestra alma. Queremos ser lo que ellas sueñan. Todo lo bello y bueno que sueñan. Y así es, y nos aman. Solo queremos que alguien nos ame. Pero para eso no basta con nosotros mismos...Quizás amamos solo a quién soñamos. Quizás vemos solo en la persona amada lo que ansiamos ver. Quizás lo que amamos es la piel, el olor, la mirada, el sonido de los gemidos en el momento extraordinario del placer. Pero el alma siempre nos la inventamos...¨

No comments:

Post a Comment