(Ésto lo escribí hace un tiempo... varias semanas atrás, pero por alguna razón no lo subí, creí que no lo había terminado. Pero hoy lo leo y realmente no tengo nada mas para decir. Agregar algo sería decorar lo indecorable).
Me encuentro viviendo el degradé moral que contiene el paso del tiempo después de una noche de borrachera. La libertad con la que me moví, hablé y sentí se empieza a diluir en el trayecto de panamericana y ahora las preguntas comienzan a burbujear en el caldo de las dudas, formando una tela de juicio en donde se juzga al amor, al deseo, la costumbre, el conformismo y la comodidad entre muchas otras cosas. Me pregunto si en el desahogo químico recurro a ciertos pensamientos por confusión o claridad? Quiero saberlo... pero como siempre termino sin siquiera el espejismo de una respuesta a la vista.
Veo las luces pasar por la ventana del auto como estrellas fugaces que jamás me cumplirán mis deseos. Cierro los ojos para no permitir que se sigan burlando de mis desventajas y me abstraigo de todo lo que me rodea. Dejo de sentir el auto y me imagino volando en medio de la nada y al mismo tiempo cruzando por todo lo que conozco. Vuelven los recuerdos y vuelven las preguntas. Este vaivén mental me recuerda las razones por las que me encuentro mareada y acostada en la parte de atrás de un auto negro.
Todo da vueltas, todo gira, todo es confuso... pero lo irónico es que realmente no se diferencia en nada a todos los días anteriores, en dónde sin alcohol todo da vueltas, todo gira y todo es confuso...

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