Son las 4 am
Sigo sin encontrar el sueño...
Me miro en el espejo, intento de reconocerme pero es casi inútil.
Mi pelo, mis ojos, mi cara, mi cuerpo, todo cambio...
Veo como el mundo gira a mi alrededor y puedo escuchar como la gente habla. A veces se dirigen hacia mi y a veces no, pero se siente igual. Asiento para mantener una fachada la cual puedo llegar a llamar decente pero que realmente, no convence a nadie. Es patético mi intento y triste el hecho de que ellos también prefieran creerlo. Pero funciona, por lo menos hoy funciona y seguro que mañana también lo va a hacer.
Tengo una agenda repleta de actividades que se centran solamente en mi placer y a veces logran despejar un poco mi cabeza cuando el dolor o el cansancio gana por sobre todo lo demás. Pero da igual, todo siempre da igual, porque me obligo a pensar en mi cuando ya no puedo recordar quién soy... y quiero encontrarme, porque escucho de la boca de todos el mito de alguien que realmente me gustaría conocer. Alguien que se llama Azul y cuyo apellido no importa.
Siento como el cuerpo me empieza a pedir que me acerque hacia la cama, pero el espacio es tan inmenso que me impresiona. Alguna vez existió un mundo sobre esos colchones que me hacía reír y que de entre sus sábanas escondía secretos y palabras que ya perdieron su valor. Ese mundo ya no existe, no para mi. Ya estoy tan lejos que caminar de vuelta no tendría sentido.
Hoy busco poder escribir alguna que otra linea que me deje satisfecha. No lo logro. Tal vez mañana.
Pero pasan los días y sigo sin ver cambios. Mi dominio sobre las palabras se extingue cada vez mas rápido, como todos los recuerdos que de a poco voy matando para poder olvidar todo lo que alguna vez fue de nosotros dos. Ya no existen los momentos buenos ni malos, solo una brecha de tiempo a la cual tengo que dejar ir... Sigo con calma, un paso por día y sin muchas pretensiones. Me repito como un mantra que ¨todo va a estar bien, que todo va a pasar¨ y que algún día voy a llegar a mi viejo Duluth...

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